¡Qué bonito es convivir!

En primer lugar quiero pedir disculpas a los posibles lectores por tener la osadía de escribir este artículo, siendo como soy una persona de “la enciclopedia” o dicho de otra forma, cultura poca, la verdad, pero he sentido la necesidad de contar algo que he vivido en muy poco tiempo.

Hace unos fines de semana estábamos unos amigos dando un paseo por el campo, como en otras ocasiones, y salió la conversación de muchos temas de tiempos atrás, entre ellos cómo había cambiado la vida, recordábamos cómo en nuestra niñez íbamos a ayudar a los mayores, padres, abuelos, vecinos, etc., igual de vaqueros, burreros, a trillar, etc., a lo que se nos mandara pues éramos como una gran familia.

Pero a medida que fuimos creciendo tuvimos que emigrar a trabajar fuera a las grandes capitales para ganarnos la vida cada uno como buenamente pudiera y fue entonces cuando esa relación cambió; nos veíamos menos, cada uno estaba a lo suyo y daba la sensación de que todo había cambiado, no solo las circunstancias sino también las personas.

Pero hace unos años, dos o tres, no recuerdo exactamente, un hijo adoptivo del pueblo de los muchos que hay, que por otra parte ya pertenecen al pueblo como los nacidos en él, tuvo la gran ocurrencia de proponer hacer una Asociación Cultural y así empezó todo; se hace semana cultural, teatro, jotas, juegos, etc., pero a lo que voy es que se ha habilitado en el campo un espacio para poder jugar al “golf” y es allí donde empieza lo bueno.

Verán, se van a jugar padres e hijos, tíos y sobrinos, matrimonios, grandes y pequeños todos juntos y lo mejor de todo es que hablas y te relacionas con gente que antes eran poco menos que desconocidos; yo no juego pero puedo decir que siento igualmente esa misma relación y me llena de alegría ver cómo veinte o treinta hombres de distintas edades y lugares con distinta forma de pensar o de ser, distintos caracteres y de distintos gustos puedan llegar a tener tan buena armonía entre ellos; igual se hace un puente para pasar el carro por el río que se quitan los cardos o zarzas que cada año crecen o que Juan Antonio –cocinero oficial del Palancar- haga una caldereta de cordero de la tierra para comérsela y pasar el día en el campo todos juntos “chapó por todos ellos”.

Pero cambiando de tema, de un tiempo a esta parte han pasado en mi familia cosas muy tristes y todos, no solo mis amigos, han llorado con nosotros ¡gracias!, pero en el fondo lo que quiero decir es que la persona que nace noble así muere y puede el destino y el trabajo cambiar el rumbo a los hombres durante alguna etapa de su vida, pero esta demostrado que los corazones no mueren, solamente se aletargan y hace falta muy poquito ya sea bueno o malo para que se despierten y en ese momento sepas y sientas que esta ahí.

¿Será la tranquilidad del pueblo pequeño lo que haga aflorar los sentimientos de nuestros corazones?
Si es así, bendito seas pueblo.

Carmen Gil Baeza

Mayo 2004